Os contaré una historia y un secreto

Érase un niño que pertenecía a una familia pobre de 5 hermanos y que no vivían ni más ni menos felices que cualquiera de sus vecinos. Era muy sensible e inteligente. Quizá demasiado. Crecía haciendo vida en casas de tías y abuelas con sus hermanos y primos mientras sus padres trabajaban de sol a sol... y en una de esas casas se encontró con un taller de costura. Algo que le marcaría para siempre. Él no lo sabía, no podría saberlo con tan solo 10 o 12 años... pero algo de lo que vivió y respiró allí... iba a darle la vuelta a su vida al cabo de los años. 

Ese niño era o un loco o especialmente honesto. Me pregunto cuántos niños de 10 o 12 años en aquella época de la España Franquista -ya decadente sobre 1960- serían capaces de llevar un dedal en la maleta del colegio, sin miedo a que unos crueles compañeros de clase pudieran descubrirlo y "despellejarle".
Dicho y hecho. Un día y como en una película a cámara lenta, en el jugueteo, el dedal salió de la maleta y fue al suelo. Imaginen lo crueles que pudieron ser los críos en ese momento.

Pues eso fue simplemente una prueba de la fuerza con la que el chico había instalado en su cabeza el germen de la Costura vivida en ese taller. LA ANÉCDOTA DEL DEDAL NO CAMBIO ABSOLUTAMENTE NADA.

El niño siguió con su idea: aprender a coser, y crear ropa. Lo hizo durante un par de años cada tarde al salir del colegio, hasta que acabó el colegio y una fuerza mayor le obligó a emplear su tiempo para conseguir dinero: Trabajar para ayudar a sus padres a mantener la familia (el era el 3er hermano mayor de un total de 6).
Un taller de aceitunas, repartir en bicicleta, un concesionario de coches o gestor en la oficina en una empresa constructora formaron durante más de 15 años la bio profesional de ese niño, ya con 28 años, una mujer y 3 hijos.
Después de tantos tiempo, ¿habría olvidado cómo coser? Es probable. Pero la idea seguía ahí, dentro de su cabeza.

Ese niño que ya era un hombre (justo mi edad hoy, 28) tiene una etapa dramática (no grave, solo dramática): Toda su familia se puso enferma con simples gripes, pero 3 niños de menos de 4 años con gripe y su mujer también enferma, merecían que el trabajo en la constructora se quedara esperando al oficinista los días que su familia lo necesitara.  Eso junto con un jefe muy fanfarrón, le hacen perder su trabajo.

Éste si es el cuadro-crítico: Sin trabajo, con una casa que mantener, una familia y 28 años de los de entonces... qué hacer? Ese hombre lo vio tan nítido como cuando los compañeros de clase se burlaron por llevar un dedal en la maleta: Cumplir esa idea que se metió en su cabeza a los 10 años: Diseñar y crear vestidos.

Sí amigos, al más puro estilo de "En busca de la Felicidad" trabajaba de cualquier cosa temporal a media jornada y estudiaba corte y confección por la tarde y durante la noche. Así durante dos largos años.
Al acabar, él y su mujer montaron una minúscula tienda de ropa en la calle Canónigo de Dos Hermanas de la que aún recuerdo el suelo de moqueta barata gris, allí empezaron juntos a diseñar, coser y hacer feliz a las mujeres que querían ir especialmente guapas para un momento importante. Eso les ha llevado hasta lo que son hoy, grandes profesionales reconocidos, y grandes personas.

La idea que Fernando Claro tenía en la cabeza, le condujo a dar un giro a su vida arriesgando como el que más y le inspiró hasta conseguir cosas que jamás creía que podrían estar a su alcance. 

Toda esa es la historia, es una gran historia. Ahora os contaré el secreto, mi padre no se lo imagina, pero él, es mi héroe.